Acompañar una historia

librioo @librioo · · 2 min
49 0
Acompañar una historia

No lees una historia para acabarla. La lees para estar un rato con ella. Acompañar una historia es aceptar su ritmo, sus pausas y su forma incompleta de existir mientras se escribe.

No lees esta historia para acabarla.
La lees para estar un rato con ella.

Eso es algo que no solemos decir en voz alta. Hemos aprendido a leer como quien completa tareas: empezar, avanzar, terminar. Pasar página hasta cerrar algo.

Pero hay historias que no piden eso.

Piden compañía.

Acompañar una historia no es seguirla con atención constante. Es algo más ligero y más profundo a la vez. Es leer un fragmento y dejar que se quede contigo mientras haces otras cosas. Es no exigirle que te lo dé todo de una vez.

Cuando alguien escribe por capítulos, no está entregando una obra cerrada. Está dejando algo en medio del camino. Algo que aún no sabe exactamente qué será. Y cuando alguien lee eso, no llega como consumidor. Llega como presencia.

No para empujar la historia en una dirección.
No para evaluarla.
Solo para estar ahí.

Ese estar cambia las cosas.

El texto ya no flota en el vacío. Tampoco se vuelve un espectáculo. Se convierte en una especie de conversación silenciosa donde nadie interrumpe, pero ambos saben que el otro existe.

Acompañar una historia también es aceptar sus pausas. Sus semanas sin aparecer. Sus cambios de tono. Sus dudas. No pedirle ritmo constante ni finales claros. Leerla como se acompaña a alguien: sin saber exactamente qué va a pasar, pero sin desaparecer a la primera incertidumbre.

Y para quien escribe, sentir ese acompañamiento —aunque no se manifieste— modifica la escritura. No para complacer, sino para sostener. Para volver. Para no abandonar a mitad de algo que ya no es solo suyo.

Leer así no es pasivo.
Es una forma distinta de implicarse.

No consumes la historia. La atraviesas. La dejas entrar en tu tiempo, no en un hueco aislado. No lees para tacharla de una lista. Lees porque te apetece volver a ese lugar donde algo sigue ocurriendo despacio.

Acompañar una historia es aceptar que no todo tiene que resolverse para tener sentido. Que a veces basta con compartir el trayecto, incluso cuando no sabemos a dónde lleva.

No lees para llegar al final.
Lees para no dejar sola a una historia mientras se hace.

Y eso, aunque no haga ruido, lo cambia todo.

Comentarios (0)

Sin comentarios todavía. ¡Sé el primero en opinar!

Deja tu comentario

Para comentar, inicia sesión o crea tu cuenta.