Texto seleccionado
Relatos Cap 1 /1 3 mins read

La planta que no era mía

albertocruz
@albertocruz
Dic 28, 2025
1 Comments 27 views

[Borrador de WhatsApp · nunca enviado]

Hola.

Te escribo por una cosa absurda: tu planta.

La dejaste en mi casa el día que te fuiste con prisas. Dijiste “luego vuelvo a por ella” como quien dice “luego compro pan”. Y claro. No volviste.

Al principio la miraba con rencor, te lo juro. Era como tener una prueba viva de que las cosas se pueden quedar a medias y encima seguir ocupando sitio. Me daba rabia hasta regarla.

Pero pasó una semana y pensé: vale, no tiene culpa.

Y la regué. Una vez.

Luego otra.

Y un día me descubrí haciendo algo que me dio vergüenza admitir: hablándole. En plan: “aguanta, campeona”. Como si fuera una serie mala y yo el personaje secundario que tiene ternura de repente.

La cosa es que no se murió. Contra todo pronóstico. Ni por ti ni por mí.

Echó dos hojas nuevas hace nada. Dos. Y no sé por qué, pero me hizo ilusión. Como si esas hojas fueran una victoria pequeña y silenciosa en una habitación donde últimamente todo parecía perder.

He pensado devolvértela, pero también me pasa otra cosa: me da miedo que vengas solo a por la planta, digas “gracias” y ya. Que ese sea el único puente que nos quede.

Yo sé que ya está, que cada uno por su lado, que lo nuestro tuvo lo suyo y se acabó. Lo sé con la cabeza.

Pero a veces, cuando la riego, se me cuela una frase que no debería: “mira, al final sí sé cuidar algo”. Y me da rabia que haya tenido que ser con una planta para aprenderlo.

Si quieres, quedamos un día y te la doy. Y si no quieres verla nunca más, dímelo y me la quedo. No como trofeo, ni como excusa. Como recordatorio de que las cosas que parecen pequeñas también piden constancia.

Y si te apetece —solo si te apetece— me cuentas cómo estás. Sin resumen bonito. Como salga.

(La planta está bien. Más verde que yo algunos días.)


Mi nota

A mí me fascinan los objetos que se convierten en mensajeros sin que nadie los nombre. Una planta, una taza, una sudadera olvidada. Cosas que no tienen épica, pero que te obligan a volver a ti: a tu paciencia, a tu manera de cuidar, a tus ganas reales.

Hay gente que aprende a estar presente con grandes gestos. Yo creo que casi todos aprendemos con cosas pequeñas: regar algo, repetir algo, sostener algo. Y en ese gesto mínimo pasa una magia discreta: empiezas a confiar en ti otra vez.

También está lo otro: usamos lo cotidiano como excusa para decir lo importante. “Te escribo por tu planta” significa “te escribo porque todavía me importas un poco”, o “te escribo porque estoy intentando cerrar esto sin fingir que no dolió”, o “te escribo porque me gustaría que me vieras diferente”.

Me gusta que este mensaje no pida volver. Pide algo más raro y más valiente: una conversación sin teatro. Y, si no, al menos una verdad simple: mira, sigo aquí, y aprendí una cosa.

Hay semanas en las que lo único que puedes hacer es eso: cuidar algo pequeño.
Y que algo pequeño sobreviva ya es una forma de esperanza.

No enviado

Anterior Siguiente
Volver al libro

Encuestas del capítulo

Cómo quieres que continúe el siguiente capitulo?
1 voto
Seguimiento
Sigue el libro y vuelve
cuando salga el siguiente capítulo

Menos ruido. Solo avisos cuando importe.

Deja tu comentario

Para comentar, inicia sesión.

Comentarios

albertocruz
@albertocruz
diciembre 29, 2025 destacada

hola